Cultura
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Heart drops



I’d build myself up
And fly around in circlesWait then as my heart dropsAnd my back begins to tingleFinally could this be it. 


Yo construí la casa.

La hice primero de aire.
Luego subí en el aire la bandera
y la dejé colgada
del firmamento, de la estrella, 

de la claridad y de la oscuridad.
Cemento, hierro, vidrio,
eran la fábula,
valían más que el trigo y como el oro,
había que buscar y que vender
y así llegó un camión:
bajaron sacos
y más sacos,
la torre se agarró a la tierra dura
-pero, no basta, dijo el constructor,
falta cemento, vidrio, fierro, puertas-,
y no dormí en la noche.

Pero crecía,
crecían las ventanas
y con poco,
con pegarle al papel y trabajar
y arremeterle con rodilla y hombro
iba a crecer hasta llegar a ser,
hasta poder mirar por la ventana,
y parecía que con tanto saco
pudiera tener techo y subiría
y se agarrara, al fin, de la bandera
que aún colgaba del cielo sus colores.
Me dediqué a las puertas más baratas,
a las que habían muerto
y habían sido echadas de sus casas,
puertas sin muro, rotas,
amontonadas en demoliciones,
puertas ya sin memoria,
sin recuerdo de llave,
y yo dije: “Venid
a mi, puertas perdidas:
os daré casa y muro
y mano que golpea,
oscilaréis de nuevo abriendo el alma,
custodiaréis el sueño de Matilde
con vuestras alas que volaron tanto.”

Entonces la  pintura
llegó también lamiendo las paredes, 
las vistió de celeste y de rosado 
para que se pusieran a bailar. 
Así la torre baila, 
cantan las escaleras y las puertas, 
sube la casa hasta tocar el mástil, 
pero falta dinero:
faltan clavos, 
faltan aldabas, cerraduras, mármol. 
Sin embargo, la casa 
sigue subiendo 
y algo pasa, un latido 
circula en sus arterias:
es talvez un serrucho que navega 
como un pez en el agua de los sueños
o un martillo que pica 
como alevoso cóndor carpintero 
las tablas del pinar que pisaremos.
Algo pasa y la vida continúa.

La casa crece y habla,
se sostiene en sus pies,
tiene ropa colgada en un andamio,
y como por el mar la primavera
nadando como náyade marina
besa la arena de Valparaíso,
ya no pensemos más: ésta es la casa:
ya todo lo que falta será azul,
lo que ya necesita es florecer.
Y eso es trabajo de la primavera.
-La sebastiana. 
Pablo Neruda. 
… ya no pensemos más, ya todo lo que falta será azul, lo que ya necesita es florecer
y eso es trabajo de la primavera. 

Ayer fué un día de lluvia, de desvelo, de sueños y de ver a Isabel en sueños. Soñé también otra casa, y la mía. y el sabor del día es como de nostalgia, de cosas que aún no suceden, pero que se traducen en sueños. 


This entry was posted in: Cultura

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Gestora Cultural, bloguera. Periodista de clóset. Mami de Erik.

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