Body, mind & soul., Dónde está mi tamal?, Equilibrio, Instinto, Tutta la vita, y terca moriré
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“Como un collar de perlas”, mi primer clase de Bikram Yoga.

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“Como un collar de perlas” así decía mi instructora de Bikram Yoga al referirse de como tenía que moverse mi espalda en las posturas.

Hoy fué mi primer clase. 6am.

40C.

Yo esperaba la música con campanas, ropa blanca, el aummmm, buscar a mi espíritu sentada entre la comodidad de mis dos pompis relajadas en mi lindo tapete rosa.

Me descubrí luchando por mi vida.

Literal.

No puedo más” pensaba acostada en mi tapete mientras mi toalla parecía una alberca.
Que estoy haciendo aquí?” Volví a pensar mientras la instructora hablaba sobre como mi cuerpo recibía nueva sangre, oxigenada.
No puedo respirar” me gritaba mi cerebro mientras teníamos la cabeza sobre la oreja izquierda en el tapete veía por la ventana el viento que refrescaba las palmeras.
Vamos Erika, la única mala postura es la que no se hace” me decía la instructora mientras mi cabeza estaba ahora sobre mi oreja derecha y mis ojos entreveían la puerta a un par de metros de mí cegados por el sudor.

Las posturas, salvo algunas pocas muy definidas, todas las había experimentado y dominado en mi época de bailarina. Pero 7 años después, 20 kilos de más y las articulaciones de mi pierna izquierda débiles, la clase de hoy fue poner mi cuerpo sobre fuego.

Han pasado tres horas desde mi clase de esta mañana, y coincide con mi momento complejo femenino del mes. Pienso. Siento. Mi cuerpo me habla…

Me descubrí varias veces reprimiendo mi respiración por que yo estoy acostumbrada a inhalar por la nariz y exhalar a mis anchas por la boca. Eso lo hizo más difícil, sufrí. Pero al salir de esa puerta, recordé lo que dijo la instructora. Esto es resistencia contigo misma.

Durante la clase no podía dejar de pensar en mis pendientes, mis deudas, lo cansada que estaba, el trabajo, mi hijo, etc. No pude silenciarme y escuchar a mi cuerpo. Al contrario, estaba gritando “necesito salir!” Pero creo, que el sentirme víctima me hizo permanecer. Tal vez inconscientemente, tuve una razón lógica para quejarme.

Fueron 90 minutos de quejarme justificadamente por algo.

Mañana volveré. E iré dispuesta a escuchar mi cuerpo y a que mis quejas salgan de mi cuerpo con cada gota de mi sudor.

Gracias por una magnífica primer clase.

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