Cultura
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Time stands still

Miro el teclado.
It pulls me away some how.
pongo las palmas de mis manos sobre él.
Miro mi mano izquierda.

Lo recorro.
Veo cada letra. Cada punto. Cada signo.

Enfrente de mí, la “H”.

La “H” es muda.
Eso todo mundo lo sabe.
Silencio.

Silencio.

La H se usa en palabras y nunca suena.
¿No es eso triste?
Es como si estuviera invadiendo…
o pidiendo asilo.
Nadie la necesita para hacer sonidos elegantes.
Más bien toscos.
La “H” no suena por sí misma.
Está sola, o al lado de la letra incorrecta.
Que triste.

Pero todo mundo nota cuando no está.
O bueno, solo algunos.

Miro el teclado.
“Si yo no soy escritora” me digo a mi misma…
Yo no soy.

Yo no soy.

Sin embargo, las extraño.
De alguna forma nos encontramos.
Creía saber cómo,
pero al parecer esta sequía mía
es una señal que uno nunca debe dar nada por sentado.

Esta depresión puede que sea hormonal, pero aprovecho el pretexto.

La “H” es muda.
¿Como sobrevive la pobre?
Si quiere decir algo debe siempre tener otra letra enseguida….
Es un cautiverio.

Debería ser castigado por los derechos de las letras, de los sonidos…

Yo te escucho “H”…
yo sé que no hablas ni suenas no por que no quieras,
si no porque no puedes, porque así fuíste concebida.

Así nacíste para el universo de las almas de los símbolos.

Yo te oigo.
Escucho cuando gritas
y cuando hablas en voz baja.

Yo te prometo acompañarte
en tu pequeño mundo de silencios
y de sonidos forzados
que suenan como si alguien estuviera escupiendo, atragantándose o estornudando.

Miro el teclado.
Pongo mis palmas sobre él.
Coloco mi barbilla en mi botella morado con agua.

Descanso mi cuello.

Suspiro. Profundo…

Cierro mis ojos, casi me quedo dormida…
o llorando.

Miro por la ventana.
Una palmera.
La misma palmera del verano pasado.
Mismo sol, mismo viento.
Una parte ya está seca.

Siento calambres en mis dedos y suben por mis manos hasta mis codos.
No los muevo. Los encadeno al teclado. Los castigo.
Tengo miedo de alejarlos y no escribir.
De quedarme en esa extraña tierra de la “H” en donde llevo yo ya días…

Son pequeñas hormigas que suben.
Mi boca está seca.
Cruzo los brazos abajo, lejos de las teclas.
Recorro la palmera de nuevo.
si pudiera llevarla conmigo juro que lo haría.
La subiera conmigo al avión y la plantaría en mi nueva ventana.

Sería más fácil una nueva palmera,
una de allá, pero yo quiero esta.

Sonrío.
Beso a mi palmera y desamarro mis pies de ella.

Hay cosas que pertenecen a un lugar y a un tiempo.
Acaricio el teclado con mis dedos.
Me dice: “bienvenida de nuevo.”
Me dice: “te ofrezco tu libertad a cambio de tu palmera”.

Bajo de nuevo mi cabeza al teclado.

Ahí está la “H”.
….y me mira fijamente.

This entry was posted in: Cultura

por

Gestora Cultural, bloguera. Periodista de clóset. Mami de Erik.

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